Carlos Cornejo A.*
El recurrente diagnóstico que la psicología es una ciencia en crisis puede ser analizado como la pugna entre dos concepciones de psicología: la cientificista y la comprensiva. Ambas coexisten desde los inicios de la disciplina, definiendo objetos y métodos de estudio divergentes y constituyendo hoy culturas antagónicas. El análisis historiográfico muestra que ambas culturas corresponden a una expresión interdisciplinaria de la dicotomía de las culturas científica y humanista en la sociedad occidental. El análisis muestra también que el reconocimiento de las múltiples dimensiones implicadas en el fenómeno de estudio psicológico apela a la integración de la precisión metodológica de la cultura cientificista y de la adecuación objetal de la cultura comprensiva.
Palabras clave: Dos culturas, psicología científica, psicología hermenéutica.
El escrito inglés Charles Percy Snow, no sospecho la tremenda reacción que causaría en la universidad de Cambridge su ponencia “Las dos culturas y la revolución científica “ dictada EL 7 de Mayo de 1959 a las cinco de la tarde en el senate house de la ciudad, como parte del ciclo de conferencias REDE que, año tras año. Se realiza como parte de la aportación de un distinguido académico del claustro de profesores a su propia universidad. Ni él ni nadie imaginaron en ese entonces la controversia que iba a levantar en los círculos académicos de la culta ciudad y menos a la respuesta que iba a provocar. Al grado de que aun hoy el tema se sigue debatiendo de manera candente y con enorme actualidad.
“Por formación – afirmó Snow de una de las frases iniciales –SOY CIENTIFICO, por vocación escritor. “Con esta frase daba pie a la confrontación que iba a establecer entre los intelectuales literarios y los científicos. Históricamente la decisión entre esas dos vertientes del saber –humanistas y científicos era más o menos reciente. Provenía de la época de la ilustración y de la realización que produjo el movimiento romántico contra la revolución industrial y contra la sustitución del hombre por la máquina.
El debate sobre el objeto de conocimiento y sobre el método más apropiado para su estudio ha dividido característicamente a la psicología en dos grandes posiciones, que se dibujan ya tempranamente en su historia y cuyo desarrollo atraviesa en paralelo todo el siglo veinte, hasta la actualidad.
Una de esas posiciones entiende que, sea cual fuere el objeto de estudio de la psicología, éste debe ser investigado mediante el método científico tradicional proveniente originalmente de las ciencias naturales –paradigmáticamente, la física–, basado en la formulación de hipó-tesis y el posterior contraste empírico que permite verificar (o falsear) la(s) hipótesis. En esta concepción de psicología es central el cuidado del método para preservar la cientificidad del conocimiento. La prescripción de conservación del método científico clásico propio de las ciencias naturales es precisamente la razón por la cual se identifica como ‘científica’ o ‘cientificista’ a esta tradición (Groeben, 1997).
Los inicios de la concepción cientificista se remontan a los orígenes de la disciplina hacia mediados del siglo XIX, cuando desde ámbitos diferentes –en particular desde la neurofisiología, la psicofísica, la medicina clínica y la psicometría– converge y cristaliza la idea de introducir métodos experimentales y la cuantificación para el abordaje de fenómenos psíquicos.
En clara oposición a esta visión, durante la segunda mitad del siglo XIX se constituye una concepción de psicología que propugna el carácter particular del objeto de estudio de la psicología, distinguiéndolo estrictamente de los objetos de estudio de ciencias naturales como la física y la química. En consideración de la especificidad de los fenómenos psíquicos, esta concepción de psicología sostendrá la necesidad de crear metodologías alternativas a las científicas (naturales) para generar conocimiento adecuado al objeto de conocimiento.
De esta forma, la reflexión sobre las características distintivas del objeto de estudio adquiere prioridad, por sobre la aplicación del método científico.
En este sentido, cobran importancia característicamente la historicidad de los fenómenos psíquicos, su contextualización sociocultural, y por sobre todo, la consideración de la dimensión de sentido/significado de todo acto psíquico. Esta concepción de la psicología ha sido denominada ‘hermenéutico-comprensiva’ (Groeben, 1997).
Ambas concepciones de psicología –cientificista y hermenéutica– se desarrollan paralela y antagónicamente durante toda la historia de la disciplina, configurando dos paradigmas –en todos los múltiples sentidos descritos por Kuhn (1962)–, de carácter excluyente (Boring, 1950; Chaplin & Krawiec, 1974; Groeben, 1986; Lück, 1996; Wertheimer, 1972).
Una de las consecuencias de la progresiva separación y polarización de ambas concepciones es la progresiva conformación de dos culturas distintas dentro de una misma disciplina. Así el ‘programa dual’ de la psicología (Toulmin & Leary, 1985) conduce a la formación de dos aproximaciones excluyentes sobre el objeto de conocimiento de la psicología y de su método de investigación.
El diagnóstico de crisis (permanente) ha sido concomitante con la progresiva estabilización del programa de la psicología cientificista como el paradigma dominante: primero en la psicología norteamericana y luego, particularmente después de la segunda guerra mundial, en la psicología europea.
En este sentido, todos los citados diagnósticos de crisis en la psicología derivados sitúan el origen de la crisis en problemas de definición del objeto de estudio y los problemas metodológicos derivados.
La ‘crisis (permanente) de la psicología’ aparece entonces vinculada la crítica –muchas veces, aunque no siempre, provenientes de la concepción hermenéutica–a la psicología cientificista, y en particular a su empeño por imponer una metodología inapropiada al objeto de estudio de la psicología.
Hacia la segunda mitad del siglo XIX, la investigación científica gozaba de plena legitimación social, después de dos siglos de existencia, durante los cuales había logrado generar ostensibles avances teóricos y tecnológicos, los que a su vez habían modificado sustancialmente las estructuras sociales de los países de Europa del Norte y Norteamérica. Es precisamente en esta atmósfera cultural que comienza a materializarse la idea de utilizar en las ciencias humanas la exitosa metodología implementada en las ciencias naturales.
Ejemplo paradigmático de este proceso social lo constituye la apología de Comte del positivismo como único método para el progreso de las ciencias sociales. En el contexto de la naciente ‘nueva psicología’, este movimiento cultural se tradujo en la introducción de la metodología de las ciencias naturales fundamentalmente a través de dos corrientes independientes: (1) la psicología fisiológica; y (2) la psicometría
Es interesante subrayar que ya en el origen de la nueva psicología se dibujan dos formas diferentes de implementar el ideal cientificista al estudio de los fenómenos mentales. Por una parte la psicología experimental, que extendía la investigación controlada de laboratorio propia de la neurofisiología de la época. Tales estudios se comenzaron a realizar sistemáticamente desde 1879 con la fundación del Primer Laboratorio de Psicología Experimental en Leipzig, por Wilhelm Wundt.
La psicología fisiológica experimental, de claro origen germánico, esta forma colectivista de cuantificación se desarrolló en el ambiente académico darwiniano anglosajón, y constituye por tanto una rama cientificista diferente a la experimental. Cronbach (1957) las llamará las “dos disciplinas de la psicología “científica”, quejándose de la inexistencia de diálogo entre ambas, pero subrayando el carácter estrictamente “científico” de ambas: “La psicología científica es todavía muy joven y existe un rápido desarrollo de nuestros intereses, nuestras técnicas experimentales y nuestros tests. Pero nuestros métodos de investigación han llegado a estabilizarse y son estos métodos los que nos cualifican como científicos más que como “filósofos o artistas” (Cronbach, 1957, p. 672). Así, ambas corrientes de la psicología cientificista, a pesar de su origen y desarrollo paralelo, comparten una visión de método común, y por ende, una serie de supuestos metateóricos comunes, que los diferencian ostensiblemente de la psicología comprensiva-hermenéutica.
Uno de los mitos respecto al origen de la psicología, esparcido a través de libros introductorios a la disciplina, data el origen de la psicología (cientificista) en 1879, fecha oficial de la fundación del laboratorio de Wundt.
Cierto es que dicho laboratorio se constituyó rápidamente en un centro que atraía a estudiantes de todas las regiones del mundo y que contribuyó fuertemente a la consolidación de la ‘nueva psicología’ como una disciplina separada de la filosofía. Ficticia es, sin embargo, la opinión de que la obra de Wundt se limita a sus aportes a la Psicología Experimental.
La versión oficial de la obra de Wundt suele omitir que éste dedicó los últimos 20 años de su vida al desarrollo de la voluminosa ‘Völkerpsychologie’ –en términos actuales: Psicología Cultural-, en la que Wundt defiende la introducción de métodos histórico-interpretativos como única forma de investigar procesos psicológicos superiores.
Interesantemente, para Wundt estos métodos hermenéuticos tenían tanto valor científico como la experimentación en procesos psicológicos básicos. Afortunadamente hay que agregar que allí donde los métodos experimentales fracasan, otros métodos de valor objetivo, están al servicio de la psicología.
Estos métodos de ayuda consisten en aquellos productos de la vida mental general que pueden ser asignados a determinados motivos psíquicos. Dentro de ellos pueden ser nombrados en forma primordial: el lenguaje, el mito, las costumbres. En tanto éstos no sólo dependen de condiciones históricas, sino también de leyes psicológicas generales, constituyen las expresiones provenientes de esta última del objeto de una disciplina psicológica particular, la Völkerpsychologie [Psicología Cultural], cuyos resultados entregan el instrumento principal para la psicología general de los procesos mentales compuestos.
De esta manera, las Psicología Experimental y la Psicología Cultural forman las dos ramas principales de la psicología científica (Wundt, 1902, citado en Lück, 1996, p.41).
Es notable en Wundt la defensa de la cientificidad de los procedimientos hermenéuticos. Obviamente, su esfuerzo por incluir a la psicología cultural dentro de una gran categoría de ‘psicología científica’ no tuvo repercusión en la psicología experimental en expansión por todo el mundo. Para cuando Wundt escribe sobre psicología cultural, su ex estudiante inglés Edward Titchener ya había emigrado a los EE.UU. para fundar un laboratorio de psicología experimental similar al de Wundt y formular la teoría estructuralista de la mente, uno de los modelos más mecanicistas de los procesos mentales que jamás conoció la disciplina.
La ‘Psicología científica’ ya comenzaba por ese entonces a referir a aquella investigación psicológica que hacía uso de la metodología de las ciencias ‘duras’. Ello significó en la práctica la progresiva exclusión de teorías basadas en metodologías comprensivas del campo de la psicología científica y, a la larga, académica. Este fenómeno es particularmente evidente después de la segunda guerra mundial con la imposición geopolítica de la psicología norteamericana en todo el mundo occidental, proceso que en Alemania ha sido denominado la “EE.UU americanización” de la psicología alemana (Groeben, 1997; Métraux, 1985).
La psicología cultural de Wundt respondía a la insatisfacción de muchos investigadores del área de las ciencias sociales con la creciente preeminencia del modelo positivista que Comte había impulsado a comienzos del siglo XIX. En el caso de la psicología, las voces disidentes comenzaron a emerger durante la segunda mitad del siglo XIX, cuando la ‘nueva psicología’ cientificista comenzaba ya a consolidar su dominancia en el mundo occidental. En ese contexto, algunas voces disidentes comenzaron a emerger. Dos de las más importantes por sus consecuencias, fueron las de Franz Brentano y la de Wilhelm Dilthey.
Conclusión:La coexistencia en la Psicologia, desde los inicios formarles de esta disciplina, de dos concepciones divergentes del objeto de estudio y del método apropiado para estudiarlo. Ambas concepciones han constituido a lo largo del siglo XX dos culturas antagónicas, que a la vez pueden ser percibidas como dos cosmovisiones dentro de la sociedad actual. La cultura cientificista y comprensivo-hermenéutica son culturas en la psicologia. La científica enfatiza el uso del método científico la cultura comprensivo-hermenéutica subraya la primacía de la dimensión sentido/significado como objeto de estudio psicológico. La historia nos muestra que en ambos casos cada cual categoriza sus criterios epistémicos como criterios de validez universal sobre el conocimiento de la otra cultura.
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